¿Qué preguntas se pueden hacer a las cartas?

Se les puede preguntar sobre el actual estado de un asunto o de un proceso de desarrollo.

Sobre futuras tendencias o perspectivas.

Sobre un consejo para resolver un problema o alcanzar una meta.

Sobre las causas o razones de un suceso.

Acerca de cuál sería la mejor decisión o la forma de proceder más acertada.

Nos pueden ayudar a conocernos mejor a nosotros mismos e investigar acerca de nuestra persona.

¿Sobre qué no nos pueden hablar las cartas?

Las cartas nos pueden mostrar un tema de una manera ilustrativas, pero sin mencionar nombres o lugares y tampoco números de teléfono, fechas, horarios, etc. No pueden dar tampoco un diagnóstico médico. Y, sobre todo, no son capaces de contestar con un “sí” o un “no”. Si alguien busca respuesta a este tipo de cuestiones, debería probar echando una moneda al aire. Sin embargo, resultan de gran ayuda cuando nos vemos obligados a tomar una decisión importante, ya que nos muestran las consecuencias que puede traernos el decidirnos de una manera u otra sin privarnos por ello de la libertad de elegir finalmente lo que nosotros consideremos oportuno.

¿Cómo es posible que las cartas nos puedan dar una respuesta significativa?

Este fenómeno seguramente resulta difícil de explicar. Pero se conocen dos pensamientos muy interesantes al respecto:

Nuestro subconsciente mantiene otro tipo de relación con respecto al espacio y al tiempo que nuestra conciencia, y es capaz de mirar al presente “desde fuera”, como seguramente hemos creído experimentar cualquiera de nosotros en los sueños que podamos haber tenido sobre el futuro o sobre posibles predicciones. El lenguaje de la conciencia consta de palabras y el del subconsciente de imágenes. Las cartas del Tarot son, pues, el alfabeto del lenguaje de imágenes de nuestra alma. A través de ellas, nuestro subconsciente puede expresar aquello que se cuestione en cada pregunta. Todo lo que tiene que hacer nuestra conciencia es aprender el lenguaje del subconsciente para entender todo aquello que expresan las cartas.

Estamos acostumbrados a medir el tiempo en cantidades. Pero debemos tener en cuenta que también existe la “calidad” del tiempo, algo de lo que nuestro lenguaje no se acuerda cuando se refiere al momento “preciso”. No es realmente el pensamiento consciente el que nos lleva al momento preciso. Mucho más fiable resultan nuestro reloj o nuestra voz internos. Cada momento tiene sus características de calidad en diferentes niveles: en el nivel macrocósmico se encuentran las constelaciones de los planetas; en el nivel microcósmico, los movimientos de los átomos, y entre ambos niveles existen infinidad de diferentes niveles, de entre los cuales uno es el Tarot, así como lo son también el I Ching y otros métodos de oráculo. Si concebimos el mundo como un conjunto debemos admitir que la pregunta y la respuesta forman una unidad y que se encuentran temporalmente en un mismo nivel. En el momento en que somos capaces de formular al oráculo la pregunta que nos interesa, este es capaz de mostrarnos la respuesta adecuada y transmitírnosla. Por ello, es poco importante que tipo de oráculo escojamos, es decir, por qué tipo de cartas del Tarot nos decidamos. Lo importante es, sobre todo, que nuestro orientador hable el lenguaje del oráculo y lo entienda.

¿Existe una interpretación misteriosa, aunque verdadera, definitiva y objetiva de las cartas?

No. Las interpretaciones de las cartas son solo de carácter subjetivo. Por esta razón nos encontramos en parte con las más variadas y contradictorias declaraciones en los libros y en las interpretaciones de expertos de indudable competencia. Y la causa de esto es que el Tarot no es un lenguaje misterioso que en un momento determinado fuese intentado por un sabio o por un grupo de adeptos y que se pudiese interpretar descifrando un código. Se trata más bien -sobre todo en el caso de las cartas de los Arcanos Mayores – de símbolos arquetípicos que se corresponden con el lenguaje de imágenes de nuestra alma y que derivan de él. En consecuencia, la llave que nos permite comprender e interpretar las cartas del Tarot se encuentra no tanto en ciertos círculos de ocultismo, sino más bien en la psicología profunda. Un símbolo en sí mismo nunca resulta unívoco, ni tampoco puede ser entendido en toda su profundidad. Por esta razón las más diversas interpretaciones pueden ser consideradas como acertadas, ya que cada una de ellas enfoca un aspecto diferente de la totalidad.

¿Cómo puede ocurrir que el consultante escoja las cartas “correctas” sin conocer o saber lo que significan o qué tipo de método de echar las cartas va a elegir el interpretador o lector?

La regla fundamental dice lo siguiente: “El consultante que formula las preguntas siempre ejecuta el mismo juego que la persona que interpreta las cartas.” Durante la tirada de cartas, inconscientemente, tanto el “consultante” como el “lector” se encuentran en un nivel de igualdad, de tal manera que la persona que formula las preguntas escoge las cartas correctas para el interpretador. Por lo tanto, no tendría sentido dejarse orientar por otro experto en el Tarot, porque el “consultante” escogería entonces otras cartas diferentes, aunque se llegaría finalmente a una misma interpretación.

¿Que diferencias de calidad existen en las interpretaciones de cartas?

La calidad de la interpretación depende, como es natural, del horizonte del interpretador. Aquel que vive con una visión del mundo limitada, solo podrá interpretar las cartas con la estrechez de sus ideas. Por otra parte, la comprensión del consultante depende siempre de su grado de madurez. Sí solo quiere saber si por fin va a tener suerte y cuándo, si va algo bien o cuándo va a superar finalmente algo desagradable, sin interesarse por las causas profundas, quizá se verá desengañado ante un consejo verdaderamente serio y competente, pues allí no puede encontrar una respuesta sencilla.

¿Hay que concentrarse en las preguntas mientras se barajan, cortan, reparten e interpretan las cartas?

No, en ningún caso. Déjate guiar por la reflexión, de que tu subconsciente ya sabe lo que quieres preguntar. Solo tu conciencia tiene aún que averiguar cuál es tu pregunta. Hasta aquí, el planteamiento de la pregunta no es otra cosa que un desarrollo de la conciencia y debería ser vista exactamente como eso. Aclara, por tanto, lo que quieres saber. Mientras barajas, extraes y muestras las cartas, puedes olvidar casi del todo la pregunta (por ello deberías anotarla para así tenerla a la vista en el momento de la interpretación).

¿Qué hay que tener presente al barajar las cartas?

Eso depende de cómo vayas a proceder a continuación. Si sigues mi estilo y extraes cada una de las cartas del Tarot extendido boca abajo y en abanico, entonces el barajar no tiene importancia y no tiene que preocuparte nada más. Pero si, por el contrario, vas a extraer las cartas que se encuentran en la parte más superficial del montón barajado, en este caso debes, en efecto, seguir el ritual de barajar las cartas que describen algunos libros, para de esta manera situarlas “correctamente”. Si también interpretas cartas “del revés” es aconsejable barajar con ambas manos las cartas sobre una gran superficie sobre la mesa, con el fin de tener la oportunidad de dirigirte en una u otra dirección.

¿Cómo se sabe cual de los muchos significados de una carta es el correcto en cada caso particular?

Por intuición. No te sorprendas cuando tu, como interpretador destaques repentinamente en una carta un aspecto al que no se había dado importancia hasta ahora o descubras un lado totalmente nuevo. Muéstrate escéptico cuando repitas como si se tratará de una fórmula una misma interpretación. Si en efecto te encuentras atrapado, en silencio y sin ayuda, las propias cartas pueden seguir ayudándote: pregunta por el especial significado de una carta, y ayúdate echándote una tirada para ello.

¿Cuando se echan varias veces las cartas sobre el mismo tema, vuelven siempre las mismas?

Probablemente no. Sin embargo, el que las siguientes tiradas de cartas sean convincentes, depende de la razón por la que se han de echar. En el caso de que alguien quiera probar de este modo el sentido hipotéticamente absurdo de la cartomancia, estas cartas echadas de forma complementaria no tienen significado alguno. Esto mismo es válido en el caso de que el interrogador esté descontento con la primera vez que se le echaron las cartas y quiera de nuevo volver a extraer cartas inmediatamente. Pero si después de realizarse la primera interpretación, se trata de aclarar una o varias cuestiones relacionadas con ella, se demuestra una vez más que las cartas echadas posteriormente se construyen sobre las precedentes, sin que se caiga en “contradicciones”.

¿Qué periodo de validez tienen las cartas? ¿Para qué periodos se puede preguntar a las cartas?

Esto depende del factor tiempo asociado con la pregunta. Como regla general, las cartas ofrecen una perspectiva para un periodo de seis meses. Si se pregunta, por ejemplo, por un cambio de domicilio o por un trabaja, las cartas iluminan un periodo más largo, en tanto a la pregunta de unas vacaciones de 14 días, se limitan exactamente a ese intervalo. Además, algunas cartas tienen un aspecto temporal: el Ocho de Bastos acorta el tiempo, y a veces también El Carro (VII). Por el contrario, el Ocho de Oros exige paciencia, y sobre todo lo hacen el Cuatro de Espadas y el Colgado (XII), que, en parte, incluso muestran considerables retrasos en el desarrollo del asunto en cuestión.

¿Cuál es la fiabilidad de un oráculo de cartas?

Tan fiables como el consejo de un anciano hombre sabio. Por ello, se deben tomar en serio las indicaciones de las cartas y tomar en consideración sus recomendaciones. Pero como no se puede encontrar una verdad absoluta en el mundo esta tampoco se encuentra en el Tarot.

Las cartas, como otros oráculos, hacen alusión a experiencias que tendremos. A este respecto, su declaración es muy segura. Pero no se puede predecir con precisión como van a reaccionar una persona ante estas experiencias y qué acontecimientos pueden surgir a partir de dichas experiencias. Esto es válido especialmente para aquellas personas que viven muy conscientes y que, en caso de difíciles desafíos, no evitan una aparente y cómoda solución. Conforman su libertad de desarrollo humano en un contexto tan grande que la “tasa de aciertos” del pronostico es mucho más baja que en una personas que vive inconsciente o instintiva, que se entrega a su destino, que siempre sigue el camino de la menor resistencia y que por consiguiente, es mucho más predecible.

En cualquier caso, habría que partir del hecho de que ninguna forma de echar las cartas es vinculante, sino que muestra una tendencia que se cumple cuando la pregunta se sigue haciendo como hasta ahora. Pero si alguien, debido a las perspectivas que le muestra el Tarot, sigue otro camino, naturalmente, se anula la tendencia que predicen las cartas.

¿Existe un límite en la interpretación y, por consiguiente, asuntos que un lector de cartas no pueda o deba predecir?

Si. Una persona que interpreta las cartas, al contrario que las representaciones de uso general, no es ningún adivino, sino más bien un traductor que entiende el lenguaje de las imágenes del inconsciente y se las traduce al interlocutor. En esto se parece a un intérprete de los sueños. El significado de lo que la carta nos indica reside en transmitir un entendimiento más profundo de las circunstancias de un desarrollo presente y futuro. El límite de la interpretación se encuentra en la descripción gráfica que va asociada a la experiencia. Son dudosos o carecen de valor los pronósticos que comprometen al consultante a un suceso aparentemente inevitable.

¿Se puede depender de las cartas del Tarot?

Existen sin duda personas que no dan ni un solo paso sin consultar antes las cartas. Estas personas probablemente no solo se han hecho dependientes del Tarot, sino que poseen un componente maniaco que podría haberse fijado de la misma forma a cualquier otra cosa. Afortunadamente, la adicción al Tarot se encuentra entre las pocas adicciones que se pueden curar solas. Mientras que otras adicciones siempre van a más, esta adicción remite con el tiempo, pues cuanto más descabellada resulta su interpretación, más pierde en credibilidad y en importancia.

¿Es manipulado el hombre a través de las cartas u otros oráculos, o quizá tiene una experiencia negativa solo porque se le haya pronosticado?

Como es natural, no se puede descartar con certeza algo así, por lo cual es importante preguntarse, antes de echar las cartas, si se está realmente dispuesto a oír cada respuesta. El que se deja aconsejar por otros, solo debería dirigirse a personas que le resultan simpáticas o dignas de confianza y eludir un consejo sombrío y amenazador, que no le aclara nada.

¿Cómo se pueden tratar los pronósticos desastrosos?

Siempre acuden personas buscando ayuda en un consejo, a las que anteriormente otros adivinos, que no se habían atenido a ningún tipo de limitación en sus interpretaciones, les habían pronosticado alguna desgracia aparentemente ineludible (muerte de parientes próximos, ruina económica con suicidio subsiguiente, etc.) Una conversación en el sentido de que tales declaraciones son arbitrarias e indefendibles tiene entonces escaso efecto. Solo se diluye la presión mental cuando el consultante entiende que necesita esta profecía, acaso para ver de nuevo a su pareja con nuevos ojos (tan solo se trata de eso, ya que las profetizadas apocalipsis no se van a cumplir de ninguna manera). Con ello no se trata de justificar que adivinos irresponsables hagan afirmaciones inconscientes, horribles y además sin ningún valor. Por consiguiente, es importante comprender que el consultante, como en el caso de cualquier otro consejo o terapia, recibe recomendaciones y atesora experiencias, que probablemente “necesita” en una determinada situación.

¿Dónde reside la importancia del oráculo?

En el conocimiento de sí mismo y no el pronóstico de los acontecimientos profanos de cada día. Lo que hace al Tarot tan valioso (como la astrología o el I Ching) es el profundo conocimiento para nuestras tareas de la vida y acerca de la naturaleza de nuestro ser, al que nos puede conducir este oráculo a cada uno de nosotros.

¿Cómo se comporta el Tarot en relación con la astrología y el I Ching?

Mientras que la fuerza del Tarot reside en explicar las evoluciones en el entorno más próximo, la astrología es una clave excelente para la naturaleza existencial del hombre, sus tareas en la vida y sus grandes ciclos de experiencia. El I Ching quiere, sobre todo, dar un valioso impulso que avance hacia un plano de significación profundo de una experiencia. Cada uno de estos oráculos habla su propio lenguaje, donde las tradiciones occidentales como el Tarot y la astrología estrechamente ligadas entre sí. Se comportan entre ellas aproximadamente como el español y el italiano: se pueden traducir bien. Sin embargo, en ambos idiomas también existen expresiones que solo se pueden escribir en el propio. Por el contrario, el alejamiento del I Ching es de hecho tan grande como la diferencia entre el español y el chino. Para comprender el lenguaje se requiere una profunda capacidad de comprensión de la otra cultura.

¿Se pueden consultar con las cartas preguntas cotidianas?

Naturalmente que si. Cualquier pregunta que se le plantee seriamente a una persona se le puede plantear también al Tarot.

¿Se pueden echar las cartas para personas ausentes?

Si, se puede, en tanto esa persona haya dado su conformidad o permiso y/o se tenga un interés justificado. Esto último se produce cuando se mantiene una relación con otra persona y se echan las cartas para informarse acerca del estado de esa relación.

Pero si alguien intenta fisgonear en la esfera privada del otro, por curiosidad o por sentir determinadas sensaciones y se hace sin su consentimiento, las afirmaciones de las cartas carecen totalmente de valor. En algunos casos arrojan luz sobre la motivación del consultante.

¿Se puede dejar que otros extraigan las cartas?

Si. Cuando alguien está interiormente muy tenso o alberga expectativas muy firmes con respecto a la pregunta, es incluso aconsejable que deje repartir, echar e interpretar las cartas a una persona por la que sienta simpatía.

Texto Extraído del libro LAS LLAVES DEL TAROT, de Hajo Banzhaf.

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